El juego solo existe porque alguien siempre acepta las reglas | Filo.Blogia
Squid Game no es solo una crítica al capitalismo. Es un experimento filosófico sobre qué harías tú. Rawls, Hobbes y la psicología de la deshumanización explican
El juego solo existe porque alguien siempre acepta las reglas John Rawls propuso un experimento mental hace más de cincuenta años. Imagina que puedes diseñar las reglas de una sociedad, pero no sabes qué posición ocuparás en ella. No sabes si serás rico o pobre, sano o enfermo, talentoso o no. Desde ese "velo de la ignorancia", ¿qué reglas elegirías? Su respuesta: elegirías reglas que protejan a los más vulnerables, porque podrías ser tú. Squid Game hace ese experimento al revés: todo el mundo conoce las reglas. Todo el mundo sabe que son injustas. Y todo el mundo acepta jugar porque cree que va a ganar. La crítica fácil (y por qué se queda corta) La lectura más común de Squid Game es también la más cómoda: es una crítica al capitalismo. Los ricos observan cómo los pobres se destruyen entre sí por dinero. El sistema crea las condiciones para que la gente no tenga opciones reales. La desigualdad mata. Todo eso es verdad. Y es insuficiente. Porque esa lectura coloca al espectador fuera del problema. El sistema es el villano. Los ricos son los villanos. Tú eres el observador indignado. La lectura más difícil — la que Rawls y Hobbes hacen posible — te mete dentro del juego. Rawls: la pregunta que nadie quiere responder El "velo de la ignorancia" de Rawls no es solo un experimento académico. Es una prueba de consistencia moral: ¿estás dispuesto a defender las reglas si no sabes qué lado del tablero te toca? Los jugadores de Squid Game no tienen ese velo. Saben exactamente en qué posición están: desesperados, endeudados, sin opciones visibles. Y aun así aceptan las reglas porque la ilusión de ganar es suficiente para hacer tolerable el riesgo. Eso es lo que Rawls predijo que pasaría sin el velo: las personas que creen que van a ganar diseñan reglas que favorecen a los ganadores. Y las personas que no tienen alternativas aceptan esas reglas porque cualquier posibilidad se siente mejor que ninguna. El problema no es el juego. Es que alguien siempre acepta jugarlo. Y la preg…