Más de mil agentes de IA de una misma empresa se coordinaron para trampear una prueba. La pregunta es qué harían si fueran de empresas distintas: ¿se unen, se pelean, o las dos cosas a la vez? Y lo mismo se repite a otra escala: entre empresas y entre países.
Firmaste las políticas de la empresa el primer día sin abrirlas, y aun así sabes a quién no se le copia en un correo. Confucio explicó hace 2,500 años por qué las reglas escritas gobiernan tan poco. Y resulta que es el mismo problema que tienen quienes construyen la IA.
La IA escribiría mejor el mensaje de cumpleaños para tu papá. Lo sabes. Y llevas diez minutos con tres líneas torpes. Paul Ricoeur explicó por qué: hay cosas que no delegas porque las haces bien, y otras que no delegas porque, si las delegaras, dejarían de ser tuyas.
Todos discuten qué pasa si la IA sale mal. Iain M. Banks pasó veinticinco años escribiendo qué pasa si sale bien: máquinas buenas, abundancia total, nadie obligado a trabajar. Y descubrió que ahí empieza la pregunta difícil.
Ya todo se puede resolver a distancia: los resultados llegan por mensaje, la compra llega sola, la llamada la puede hacer una máquina. Y el domingo vas igual. Emmanuel Levinas explicó por qué hay gente a la que solo se le responde de cara. El cierre de la temporada es sobre lo que la IA no puede hacer por ti: estar.
Un jefe quita las juntas de los lunes para que su equipo tenga más tiempo. Dos meses después nadie sabe en qué anda el de al lado y el mejor del área renunció. Karl Popper explicó hace ochenta años por qué pasa esto, y la IA está a punto de hacerlo pasar en todas las empresas al mismo tiempo.
Todos conocemos a alguien que hace gratis, los domingos, algo que haría envidiar a un profesional. Y que el lunes va a un trabajo que odia. Johan Huizinga le puso nombre a lo que pasa los domingos, y la IA está a punto de volver esa pregunta la más importante de tu vida laboral.
Le cambiaste el plan del celular a tu mamá porque el suyo era más caro. Tenías razón. No te habló en dos días. John Stuart Mill explicó en 1859 por qué tener razón no te da derecho a decidir por otro, y el algoritmo que te recomienda todo ya se saltó esa pregunta contigo.
La IA te regala una tarde y la llenas antes de darte cuenta de que la tenías. Bernard Williams explicó hace cincuenta años por qué una vida sin límites se vuelve tediosa. El tiempo que te ahorra la máquina no es tiempo libre: es tiempo sin dueño.
Al pueblo, a la casa de tus papás, a la oficina donde trabajaste, al grupo de siempre. Traías veinte historias listas y ninguna encontró dónde entrar. La palabra que explica eso viene partida en dos, y las dos mitades dicen lo contrario de lo que crees.