Adolescence no es una serie sobre un niño que mató a alguien. Es una serie sobre el sistema que lo hizo posible. | Filo.Blogia

El horror de Adolescence no es el crimen de Jamie. Es que los ingredientes eran completamente ordinarios. Filosofía aplicada a la serie más incómoda del año.

Adolescence no es una serie sobre un niño que mató a alguien. Es una serie sobre el sistema que lo hizo posible. Hay una escena en Adolescence que no tiene sangre, ni gritos, ni revelaciones dramáticas. Es un padre mirando el cuarto de su hijo después de que la policía se lo lleva. Solo hay silencio. Y la sensación de que algo ocurrió ahí, durante años, que él nunca supo leer. La pregunta equivocada Cuando terminas Adolescence, la pregunta que emerge es predecible: ¿cómo pudo un niño de 13 años hacer algo así? Es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es: ¿qué necesita estar presente para que eso sea posible? ¿Qué condiciones, qué ausencias, qué silencios? Porque si el problema fuera Jamie, la serie sería un caso clínico. El problema es que Jamie no era una anomalía. Era el resultado lógico de un sistema con ingredientes completamente ordinarios. El hambre de reconocimiento Georg Hegel lo describió hace dos siglos con una precisión que todavía incomoda: los seres humanos no solo quieren existir. Quieren ser reconocidos. No es vanidad. Es constitutivo. Sin el reconocimiento del otro, el yo no termina de formarse. Durante siglos, ese reconocimiento venía del núcleo familiar, la comunidad, el barrio. Lugares físicos con personas que te conocían en el tiempo. Jamie no tenía eso. O lo tenía, pero roto. Y cuando el mundo inmediato falla en reconocerte, buscas reconocimiento donde puedas encontrarlo. Lo que Jamie encontró fue una comunidad que sí lo veía. Que le daba lenguaje para su rabia. Que le decía que su dolor tenía un culpable. El algoritmo no lo radicalizó. La soledad lo hizo vulnerable. El algoritmo solo encontró la puerta abierta. El sistema de rendimiento y los que quedan afuera Byung-Chul Han describe algo que llama la "sociedad del rendimiento": un sistema donde el valor de una persona se mide por su productividad, su éxito, su capacidad de optimizarse constantemente. En ese sistema, los que no rinden — o los que no saben cómo rendir — no solo fracasan. …