Gafas inteligentes: el final de estar presente | Filo.Blogia
Las gafas AR no son otra pantalla. Son la colonización del último espacio sin información. Pascal lo llamó divertissement — y lo describió en 1662.
Gafas inteligentes: el final de estar presente Sal a caminar con las gafas puestas. A los tres segundos, el nombre del café de la esquina aparece superpuesto sobre la fachada. Una calificación de 4.2 estrellas. Debajo, la distancia al metro. A tu derecha, la temperatura exterior, como si no pudieras sentirla. En la periferia del campo visual, el pulso de una notificación pendiente. No hay un segundo en blanco. No hay un metro de acera —ni uno— sin que algo compita con la acera. La promesa es clara y en algunos sentidos verdadera: siempre conectado, siempre informado, siempre optimizando la experiencia del entorno. Y la tecnología funciona. Las gafas no son el problema técnico que los escépticos esperaban. El hardware mejoró. La latencia es baja. Las superposiciones son precisas. El problema no es que no funcionen. El problema es lo que hacen cuando funcionan perfectamente. Blaise Pascal murió en 1662 —ocho años antes de que sus editores publicaran los Pensées — sin haber visto un smartphone, sin haber conocido un algoritmo, sin haber podido imaginar el concepto de notificación. Y aun así describió, con precisión que incomoda, exactamente lo que está pasando. La huida de uno mismo Pascal tenía una pregunta que lo obsesionaba: ¿por qué el ser humano no puede quedarse quieto? No lo preguntaba como reproche. Lo preguntaba como diagnóstico. Observaba a los hombres de su época —cazadores, soldados, cortesanos, jugadores— y notaba algo que no cuadraba con la imagen que tenemos de nosotros mismos como seres racionales que persiguen objetivos. El cazador, razonaba Pascal, no sale a cazar por la liebre. La liebre es el pretexto. Si le ofrecieran la liebre sin la cacería, no la querría. Lo que quiere es la cacería —no por lo que produce, sino por lo que evita. La cacería lo mantiene ocupado, en movimiento, con la atención fija en algo externo. Y eso es exactamente lo que necesita: no tener que quedarse a solas con sus propios pensamientos. Lo llamó divertissement . No entreten…